EL
INCENDIO DEL FULVIA
La
noticia con la que abría la página de la Sección
de Marítimas el periódico tinerfeño “El Día”,
en su edición del domingo 19 de julio de 1970, era la siguiente:
“Hoy los trasatlánticos Fulvia y África. El primero
realiza un crucero turístico; el segundo un viaje de placer.”
El Fulvia tenía que atracar en el dique-muelle
Sur a las siete de la mañana procedente de Funchal. El crucero
lo inició el 14 de julio en Génova y hasta el momento había
realizado escalas Coincidiendo
con la llegada del Fulvia, hacía escala en el
puerto de Santa Cruz de Tenerife la motonave Ciudad de Pamplona, de 7.760
TRB y perteneciente a la Trasmediterránea. Había comenzado
el viaje en Bilbao, con varias escalas peninsulares, y posteriormente
seguiría ruta hacia puertos de Guinea Ecuatorial. A las seis de
la tarde del sábado 18 de julio zarpaba de Funchal el trasatlántico
Fulvia, al mando del capitán Christopher Fasting,
para continuar viaje hasta Santa Cruz de Tenerife. Era el tercer crucero
turístico En
los primeros años del Siglo XX, la emigración escandinava
hacia los Estados Unidos era muy importante, aprovechándose de
esa circunstancia varias navieras alemanas y rusas. En 1910, algunos empresarios
noruegos decidieron intervenir en ese tráfico con la constitución
de una naviera denominada Den Norske Amerikalinje A.S.
Entre la posibilidad de comprar algún trasatlántico de segunda
mano o adquirir nuevos buques, la dirección optó por la
segunda vía. La nueva naviera encargó la construcción
de dos trasatlánticos a los astilleros británicos de Cammell,
Laird & Co. Ltd., de Birkenhead. Los dos magníficos buques,
de nombres Bergenfjord y La
fuerte competencia sueca de la Svenska Amerika Linien A.S., con sus trasatlánticos
Gripsholm y Kungsholm, obligó a la naviera noruega a encargar la
construcción de un nuevo trasatlántico a los astilleros
alemanes Deustche Sch. Und Mschb. A. G. Wesser, de Bremen. En 1938 entró
en servicio el Oslofjord, de 18.673 TRB, 19,5 nudos de velocidad y 860
pasajeros. En la Segunda Guerra Mundial permaneció al servicio
de los Aliados junto a su compañero Bergenfjord, aunque su vida
fue corta, ya que terminó a los pocos meses del comienzo de la
contienda, tras chocar con una mina el 1 de diciembre de 1940 en la recalada
del río Tyne, en Inglaterra. Con graves averías pudo mantenerse
a flote y los buques que acudieron en su auxilio le remolcaron hacia la
costa para que no se hundiera. Tras arduos trabajos El Stavangerfjord estuvo toda la Segunda Guerra Mundial al servicio de los alemanes, al ser apresado por sus tropas en Noruega al comienzo de la guerra. Una vez recuperado por la naviera al término de la contienda, reanudó los viajes a Norteamérica junto con el Bergenfjord. Sin embargo, ese mismo veterano buque fue vendido al poco tiempo a la naviera Home Lines, recibiendo el nombre de Argentina y enarbolando bandera panameña. Para sustituirlo, la Den Norske Amerikalinje A.S. firmó un contrato en abril de 1948 con el astillero holandés Netherlandsche Dok & S. B., de Amsterdam. Un año más tarde tuvo lugar la ceremonia de botadura, tras estampar la consabida botella de champán la princesa Martha de Noruega sobre el imponente casco (nº de construcción 410). Permaneció varios meses amarrado al muelle de armamento ultimando su construcción, hasta su entrega a la naviera el 11 de noviembre de 1949. En ese mismo mes inició su primer viaje Oslo-Nueva York, causando una excelente impresión al llegar a la ciudad de los rascacielos. El
segundo Oslofjord era un buque de bella estampa, con
dos mástiles, proa lanzada, superestructuras curvas en el puente
y coronado por una gran chimenea. Disponía de 9 cubiertas (6 por
encima de la línea de flotación) y su casco estaba dividido
longitudinalmente por 9 mamparos estancos. Muchas partes del buque (puente,
chimenea, botes salvavidas, etc.) se habían construido con una
aleación de aluminio con el fin de aligerar peso. En la unión
de las diferentes piezas que componían el casco se había
utilizado principalmente la soldadura eléctrica, aunque todavía
se mantenían los Tonelaje de Registro
Bruto (TRB) 16.844 toneladas
El 26 de noviembre de 1949 realizó su viaje inaugural entre Oslo y Nueva York, con escalas en Copenhague, Kristiansand, Stavanger y Bergen. En cada año dedicaba nueve meses en transportar emigrantes escandinavos a Norteamérica, mientras que los tres meses más duros del invierno abandonaba las frías aguas del Mar del Norte y del Atlántico Norte para realizar cruceros turísticos por el Caribe, el Mediterráneo, África o Sudamérica. La
primera vez que el Oslofjord hizo escala en Santa Cruz
de Tenerife fue en 1954 y, desde ese año, su presencia sería
habitual hasta el trágico final. En el año 1956 condujo
desde Nueva York hasta esa capital canaria un importante contingente de
turistas norteamericanos, el más numeroso de esa nación
llegado hasta ese momento. Entre los meses de noviembre y diciembre de
1957, en una de las revisiones periódicas, le instalaron unos estabilizadores
Denny-Browm, para hacer más cómodas las travesías
atlánticas cuando se presentaba mal tiempo. En diciembre de 1963 la naviera vendió el viejo Stavangerfjord para el desguace y fue sustituido en octubre de 1965 por el Sagafjord, de 24.002 TRB, 22,5 nudos de velocidad y 1.250 pasajeros, construido por Forges et Chantiers de la Méditerranée, en la Seyne. En 1964 su arqueo fue aumentado y pasó a tener 16.923 TRB. Debido a la disminución en la demanda de la línea a Norteamérica, durante el año 1966, aparecieron rumores de que la naviera había establecido negociaciones con la finlandesa Finnline, Ltd. O/Y, para la venta del buque, pero sin llegar al final a ningún acuerdo. La Royal Caribbean Cruise Lines, una naviera recién llegada al mundo de los cruceros turísticos también se interesó por el Oslofjord para realizar cruceros de una semana por el Caribe con base en Miami, pero, después de sopesar las opciones, se decidió por la contratación de nuevas construcciones (el pedido fue de tres buques de la clase “Song of Norway”: Song of Norway, Nordic Prince y Sun Viking, de 18.500 TRB). Entre los meses de noviembre de 1966 y febrero de 1967 se realizaron importantes reformas en el astillero holandés donde se construyó, especialmente en lo que afectaba a la parte de los camarotes, resultando una distribución final de 179 pasajeros en primera clase y 467 en clase turista. A finales de ese último año operó para la Greek Line (dentro de su división británica de cruceros), efectuando dos tipos de cruceros, siempre con base en el puerto inglés de Southampton: uno de fin de semana (tres días) a Amsterdam y otro de cinco semanas a las Indias Occidentales. A finales de los años sesenta, con la decisión de la Den Norske Amerikalinje A.S. de construir un nuevo buque similar (más tarde bautizado como Vistafjord, de 24.292 TRB), el Oslofjord pasó a un segundo plano. En septiembre de 1969 empezó en los astilleros de Oslo su reacondicionamiento como buque exclusivo para cruceros de turismo. Se decidió cambiarle el nombre por el de Fulvia y se fletó a la naviera italiana Costa Armatori S.p.A. La planificación era la siguiente: en verano navegaría por el Mediterráneo y el Atlántico oriental (Madeira, Canarias y Marruecos), y en verano realizaría cruceros por el Caribe, desde San Juan de Puerto Rico, junto al Federico C y el Flavia, otros dos buques de la misma naviera. La bandera y tripulación continuaban siendo noruegas (capitán, oficiales y personal de cubierta y máquinas), a excepción de la sección completa de fonda, que era de nacionalidad italiana (unas 200 personas). En este último crucero se encontraban a bordo un total de 271 tripulantes A las dos de la madrugada del domingo 20 de julio, cuando la sala de fiesta estaba todavía muy animada, se declaró un incendio en la sala de máquinas, en la zona de los motores auxiliares. Tras una fuerte explosión se apagaron todas las luces, aunque al poco tiempo se encendió el alumbrado de emergencia. Inmediatamente se dio aviso a la tripulación que acudió a sus puestos de emergencia, mientras otros combatían el fuego. El incendio generaba una gran cantidad de humo y calor, y al tratarse de un lugar muy cerrado, se hacía muy dificultosa la extinción. A las 02:50 horas, coincidiendo con el envío del primer mensaje de socorro, el capitán mandó agrupar a todo el pasaje en la zona de proa con los chalecos salvavidas. Hubo un momento que parecía controlado el fuego y se suspendió el abandono del buque, pero de repente cobró nuevos bríos. La alarma para el pasaje no se dio hasta las tres y media de la madrugada, cuando el capitán vio que la lucha estaba prácticamente perdida y ordenó a todo el pasaje, que ya tenían puestos los chalecos salvavidas, acudir a sus correspondientes botes. Poco a poco y con tranquilidad la tripulación fue arriando los botes con el resignado pasaje embarcado, unos todavía vestidos con los trajes de fiesta y otros con pijamas, camisones y mantas.
La
Estación Costera de Tenerife Radio recibió el primer mensaje
de socorro a las tres menos diez de la madrugada. Al primer aviso de emergencia
de la Costera respondieron inmediatamente el Ciudad de Pamplona, que se
dirigía hacia Santa Cruz de Tenerife, un buque soviético
del que no se hizo público su nombre, y el trasatlántico
francés Ancerville, con 14.225 TRB y perteneciente a la flota de
la Compagnie de Navigation Paquet. En esos momentos, la situación
del Fulvia era: latitud 29º 57’N y longitud 16º 24’W,
a unas 30 millas al Oeste de las Islas Salvajes, y el Ancerville, que
era el más La llegada del Ancerville a la escena de la tragedia se produjo sobre las nueve de la mañana y provocó una gran alegría entre el sufrido pasaje. La mitad del pasaje y de la tripulación del Fulvia se encontraban en los botes salvavidas y las otras dos mitades a bordo de buque incendiado. No se apreciaban llamas pero salía mucho humo de su interior. Como era lógico, el pasaje se encontraba bastante nervioso pero siempre demostraron una gran entereza, serenidad y disciplina. Las operaciones de rescate duraron unas tres horas, terminando en el momento en que todos los pasajeros y tripulantes del Fulvia ya se encontraban seguros a bordo del trasatlántico francés. A pesar de las casi 700 personas afectadas, al final solo hubo que lamentar tres mujeres heridas, aunque de carácter leve. Con todas las personas a bordo, el Ancerville puso rumbo a Santa Cruz de Tenerife, mientras en el condenado buque permanecían el capitán y cinco oficiales. El
primero de los remolcadores en llegar hasta el Fulvia fue el Tamarán,
al A las 22:25 horas terminaron las maniobras de atraque del Ancerville en la capital canaria, con sus 800 personas entre pasajeros y tripulantes más los náufragos del Fulvia. En el puerto esperaban a pié de muelle el Gobernador Civil, los Cónsules de Italia y Noruega, el Comandante de Marina, el Presidente del puerto y otras muchas autoridades, además del numeroso público que se había dado cita. Una caravana de autobuses se encargó de conducir a pasajeros y tripulantes hasta los hoteles con el fin de pasar la noche. Los organizadores del crucero contrataron en los siguientes días varios vuelos charter para transportarlos hasta sus países de residencia, aunque sin sus equipajes y con lo puesto. Esta vez el viaje no terminaba como debiera. Alrededor de las dos de la madrugada del lunes 20, comenzaron a saltar los portillos más próximos a la mar por culpa de la acción del fuego, lo que provocó la entrada de agua en el interior del buque y el aumento progresivo de la escora. Un poco después, ambos remolcadores suspendieron las operaciones en espera de la luz de un nuevo día. En el Fulvia seguían a bordo el capitán y los cinco oficiales, sin poder hacer nada. El fuego continuaba extendiéndose hacía la proa y la popa. A las seis de la mañana, con el sol asomando por el horizonte, los remolcadores reanudaron las operaciones de extinción. Media hora más tarde, el capitán Fasting y sus cinco oficiales abandonaban el trasatlántico y subían a bordo del Tamarán, después de comprender que el final estaba muy cerca y no había nada más que hacer. El
buque presentaba una buena parte de su blanco casco ennegrecido por la
acción del fuego, una pronunciada escora a babor y de su interior
brotaba una espesa humareda visible a muchas millas de distancia. Las
operaciones de los remolcadores se suspendieron pasadas la 8 de la mañana,
a la vista de la situación terminal del buque. Una hora después
la escora había aumentado y el estabilizador de estribor empezó
a asomar de forma amenazadora. El Ambos
remolcadores, así como el RA-2, estuvieron durante cierto tiempo
reconociendo el lugar, y a mediodía, por orden de sus armadores,
pusieron |
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